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IA frente a traductor humano: ¿qué traducción elegir?

Herramientas como ChatGPT, DeepL, el traductor de Google, Gemini o Claude, que son capaces de traducir del español al francés y viceversa, e incluso a más de cincuenta idiomas, se están multiplicando a una velocidad vertiginosa. Inglés, alemán, portugués, japonés, árabe, ningún idioma parece estar fuera de su alcance. Cada mes se incorporan nuevas funcionalidades, se mejoran los rendimientos y se promete una precisión casi perfecta.

Por lo tanto, surge la pregunta: ¿siguen siendo útiles los traductores humanos? ¿Siguen teniendo su lugar en un mundo en el que la inteligencia artificial traduce un documento de diez páginas en unos segundos, de forma gratuita, sin quejarse y sin pausas para el café? No tan rápido, por favor.


Entre el entusiasmo tecnológico y los temores legítimos de los profesionales, la realidad, como suele ocurrir, es más matizada de lo que parece. IA o traductor humano: analicemos sin prejuicios lo que cada uno hace realmente bien y lo que nunca podrá hacer el uno en lugar del otro.

En este contexto, IA frente a traductor humano: ¿qué traducción elegir? ¿Qué solución es la más adecuada? En definitiva, entre la IA y la traducción automática frente al traductor humano: ¿cuál es la mejor opción?

IA ou traducteur humain : qui choisir ? Découvrez les limites de la traduction automatique et la valeur ajoutée d’un traducteur professionnel.

¿Está la traducción, uno de los oficios más antiguos del mundo, a punto de ser sustituida por una máquina?

Sin duda, esta pregunta habría hecho esbozar una sonrisa a san Jerónimo, traductor de la Biblia en el siglo IV y patrón de los traductores, que dedicó su vida a plasmar fielmente la palabra divina en otra lengua. La Biblia es, a día de hoy, una de las obras más traducidas de la historia de la humanidad. ¿Se podría sustituir el trabajo de toda una vida por unos pocos minutos frente a un teclado?

Dos milenios después, las máquinas traducen a una velocidad vertiginosa. Pero, ¿son realmente sinónimos «traducir rápido» y «traducir bien»? Esto es lo que la inteligencia artificial hace bien y lo que no le sale tan bien.

Ventajas y limitaciones de la IA

Lo que la IA traduce bastante bien

Seamos sinceros: los avances son impresionantes. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude generan traducciones del español al francés que son fluidas, coherentes y, a menudo, muy legibles, y todo ello en un tiempo récord.
Para textos básicos, correos electrónicos profesionales sencillos, fichas de productos o artículos informativos sin ambigüedades, la IA puede ser suficiente y ahorrarnos un tiempo muy valioso. Es una ayuda imprescindible para cualquiera que quiera aumentar su productividad.

El arte del prompt, la famosa instrucción para la IA. ¿Cómo se le pueden dar instrucciones a la IA?

Pero, hay un «pero» de peso: esta eficacia tiene sus condiciones. En primer lugar, todo depende de la calidad del prompt, es decir, de la instrucción que se le da a la máquina. Imagina que le pides a un cocinero «prepárame algo rico» sin especificar tus gustos, alergias o la circunstancia de la comida: el resultado será aleatorio. Con la IA ocurre lo mismo. Cuanto más precisa, contextualizada y detallada sea tu instrucción para la IA, más coherente será la respuesta y más se acercará a lo solicitado. Una instrucción mal definida producirá una respuesta evasiva, aproximada o generalista. Ahora pensarás: «Si sólo es una cuestión de precisión, ¡es sencillo y fácil de solucionar!». No exactamente.

Antes de usar la IA: ¿dominas realmente el idioma de destino?

Además, hay un requisito previo que se suele pasar por alto con demasiada frecuencia: para utilizar la IA en una lengua extranjera, incluso para textos básicos, es necesario tener conocimientos mínimos de la lengua de destino. ¿Cómo se pueden detectar errores de registro, contrasentidos o torpezas estilísticas si no se domina mínimamente el español o el francés? ¡Ojo! La IA no se revisa a sí misma, eres tú quien debe hacerlo. Por lo tanto, hay que actuar con cautela, ya que la pericia lingüística no se improvisa. La IA puede traducir, pero sólo una verdadera pericia lingüística permite juzgar la corrección de la traducción.

La IA no es infalible: la verificación sigue siendo imprescindible

Además, el propio ChatGPT lo recuerda mediante un aviso: «ChatGPT puede cometer errores. Verifica siempre la información importante. Este mensaje no es baladí. Subraya una realidad esencial: la IA no es infalible. Debe utilizarse como herramienta de apoyo y no como una fuente de información infalible. La verificación, la revisión y el análisis siguen siendo pasos imprescindibles para garantizar la calidad de una traducción.

Si bien la IA es eficaz en el contexto mencionado anteriormente, también presenta fallos cuando el contexto se vuelve más complejo. A continuación, veremos aquellas situaciones en las que, por muy eficaz que sea la máquina, la IA alcanza sus limitaciones y el traductor humano vuelve a ser imprescindible.

Entonces, ¿cómo genera la IA sus respuestas?

Hoy en día, sabemos que la IA se alimenta de miles de millones de palabras que ha aprendido durante su proceso de entrenamiento. No «piensa», sino que predice. Quienes hayan visto la película Yo, robot, protagonizada por Will Smith y estrenada en la década de 2000, quizá recuerden una escena memorable: el inspector, protagonizado por Will Smith, se opone firmemente a los robots. No entendía por qué el robot lo había rescatado a él en lugar de a una niña pequeña. El robot, por su parte, simplemente eligió la opción que presentaba una mayor probabilidad de supervivencia. Sin duda, un ser humano habría tomado una decisión diferente.

Por supuesto, se trata de ficción, de una película, pero muestra bastante bien la forma en que la IA elabora sus respuestas. Para cada palabra, calcula cuál es más probable que sea relevante según los modelos de lenguaje que ha aprendido. Por lo tanto, traduce sin comprender realmente. Es una lógica de predicción, mientras que el ser humano recurre a la comprensión, el contexto y la intención.

¿Cómo funciona la IA y por qué puede equivocarse?

A esto se suma una limitación poco conocida: la fecha de corte de conocimientos, el knowledge cutoff (límite de conocimientos). Es la fecha en que la IA deja de recibir datos (2024 o 2025); desde entonces, lo posterior puede resultarle «invisible», salvo que se le pida buscar en la web. Este «punto ciego» puede generar errores en las respuestas si se le hace una pregunta sobre un tema muy reciente. Por tanto, cuanto más actual sea el tema, menos relevantes podrán ser las respuestas. Es un aspecto clave, especialmente en el caso de contenidos confidenciales, técnicos o en constante evolución.

Las limitaciones de la IA: los ámbitos especializados y técnicos

Ya sea en el ámbito jurídico, industrial o de la traducción técnica, la IA puede generar una traducción que, a primera vista, parezca correcta, pero que esconda un error terminológico difícil de detectar para quien no sea especialista. Basta con que un término técnico se traduzca incorrectamente en un contrato o un documento técnico, o que simplemente no se adapte al público o al contexto, para que todo el edificio se venga abajo. La máquina no posee la experiencia profesional del traductor, su sensibilidad ni la intuición forjada a lo largo de años de práctica que le permite detectar que una palabra, aunque sea literalmente exacta, no suena bien en ese contexto concreto. ¡Y esto lo dice una traductora! Los traductores y los profesionales de la traducción desarrollan auténticas señales de alerta para este tipo de cosas.

Traducción técnica y variación geográfica: el ejemplo de «planta de concreto»

Veamos un ejemplo del sector de la construcción: la planta de hormigón, que en francés se dice centrale à béton. En España se dice «planta de hormigón»; en México y gran parte de América Latina, «planta de concreto», por influencia del inglés concrete. Se trata de la misma lengua, pero con usos diferentes según el país. La IA, por su parte, tiende a privilegiar el término estadísticamente más probable, sin tener siempre en cuenta el contexto. Si el destinatario final del documento técnico es mexicano, un traductor humano adaptará sistemáticamente su elección al público objetivo. Optará por «planta de concreto». Traducir es, ante todo, comprender a quién nos dirigimos. El traductor tiene siempre presentes el texto de origen, el destinatario y la finalidad del texto.

Para obtener más información sobre la traducción técnica y el proceso de traducción, no dudes en consultar también los artículos de Hispeo en su blog: ¿la traducción técnica, un trabajo para especialistas y expertos? Modo de empleo y consejos así como el concepto de fidelidad en traducción.

¡Las expresiones idiomáticas son un verdadero rompecabezas!

Las expresiones idiomáticas, los refranes y los proverbios suelen suponer un reto a la hora de traducirlos. Pero, ¿cómo se las arregla la IA? En el caso de los proverbios más comunes y clásicos, lo hace bastante bien. Sin embargo, esto depende mucho de la expresión en cuestión. Tomemos como ejemplo esta expresión española: « Cuando una puerta se cierra, cientos (o diez) se abren » (o sus variantes).

Se observa que la IA, como el traductor de Google, propone una traducción literal al francés: « Quand une porte se ferme, une autre s’ouvre ». Esta traducción se entiende, pero suena poco natural para un francófono. El equivalente francés más común es: « Un(e) de perdu(e), dix de retrouvé(e)s ! »(Véase el Diccionario Larousse).

Por tanto, hay que tener cuidado al traducir expresiones idiomáticas, proverbios y refranes. Las herramientas de IA ofrecen traducciones literales y comprensibles, pero poco naturales. El traductor humano adaptará el equivalente cultural más adecuado.

La confidencialidad: un aspecto que no se debe descuidar

Pegar un contrato confidencial, un documento de recursos humanos o datos estratégicos de su empresa en ChatGPT, Gemini o Claude puede suponer una brecha en la confidencialidad de su información. Por el contrario, un traductor profesional trabaja directamente sobre su texto dentro de un marco definido y está sujeto a una cláusula de confidencialidad. De este modo, sus datos, documentos y cualquier otra información sensible permanecen protegidos y no se transfieren a entornos externos en la nube.

De hecho, algunas plataformas pueden almacenar, analizar y utilizar los datos para mejorar sus modelos de IA. Compartir datos con una IA implica riesgos: incluso cuando no se guarda el historial, no siempre es posible saber con exactitud cómo se gestionan o se conservan los datos. Almacenamiento, análisis, reutilización de datos: conviene ser prudente con los documentos confidenciales y sensibles.

La banalización de los contenidos: la uniformización y la estandarización

Existe otro escollo: ¿quién no ha experimentado esa sensación de déjà vu al navegar por las redes sociales? La misma estructura, el mismo tono, formulaciones extrañamente similares de un contenido a otro e, incluso, imágenes o reels casi idénticos. La IA produce rápidamente, pero a menudo genera contenidos estandarizados. Estandariza, uniformiza y normaliza. En el ámbito de la traducción, este riesgo es muy real: si tus documentos comerciales, tus presentaciones para clientes o tus soportes de comunicación se parecen a los de tus competidores, pierdes toda tu singularidad. No te diferencias de los demás. El ahorro de tiempo tiene un precio: con la IA, ya sea gratuita o de pago, a veces es tu identidad la que está en juego. ¡Piénsatelo!

La capacidad de cuestionar o refutar argumentos no forma parte del funcionamiento espontáneo de la IA

Otro punto esencial es que la IA no refuta argumentos de forma espontánea: ante una pregunta, suele generar respuestas claras y coherentes en una misma dirección. No duda ni explora de forma natural puntos de vista contradictorios, lo que puede dar la impresión de que siempre tiene «razón».

En el ámbito de la traducción, por el contrario, el traductor humano comprueba y, sobre todo, toma decisiones. Capta los matices y justifica la elección de palabras según el contexto, la intención y el público. En resumen, la IA ofrece respuestas plausibles, probables y predictivas, mientras que el traductor humano aporta sentido y criterio. Asume sus decisiones.

El traductor humano es mucho más que un simple corrector de traducciones automáticas

El traductor humano es el verdadero traductor

La verdadera cuestión ya no es si la IA o el ser humano es mejor. Los traductores profesionales ya utilizaban herramientas de ayuda y glosarios automatizados mucho antes de la IA generativa. Hoy, a algunos se les ofrecen tareas de posedición: leer, corregir, adaptar y validar un texto pretraducido por una máquina. Es una tarea delicada e ingrata, a menudo más exigente que traducir desde el documento original, ya que se heredan las decisiones, imprecisiones y sesgos de la máquina. Y nunca está exento de dificultades.

Contrariamente a los prejuicios, este tipo de servicio no conlleva necesariamente un coste menor. Para conocer las tarifas de traducción, es fundamental considerar la naturaleza del trabajo y el tiempo dedicado

Por lo tanto, es esencial encontrar un equilibrio entre todas estas tareas o «nuevas tareas». Esa es precisamente la diferencia entre el verdadero trabajo del traductor y lo que refleja cada presupuesto de traducción.

El valor añadido que aporta el traductor humano frente a la inteligencia artificial

Para el traductor, el contacto inicial con el documento original es mucho más que una mera formalidad: es el punto de partida de un proceso intelectual único. Ante una página en blanco, el traductor lee y se hace una primera idea del texto. Ya en esa primera lectura, percibe instintivamente los términos que pueden plantear problemas, las ambigüedades y las trampas estilísticas. Intuye el texto incluso antes de traducirlo. Esa mirada nueva, esa libertad de juicio y esa apropiación progresiva del documento constituyen la traducción. No se trata de corregir un borrador de traducción aproximado generado en unos segundos. De hecho, mientras la máquina genera, el traductor comprende. Y es en esa diferencia entre generar y comprender donde radica todo su valor añadido.

El verdadero valor añadido del traductor radica en otro aspecto. Una buena traducción se fundamenta en un exhaustivo trabajo de investigación terminológica y en una comprensión profunda del documento. El traductor se familiariza con el texto, capta sus matices y perfecciona la terminología.

La IA es una herramienta muy valiosa pero no debe considerarse un fin en sí misma

En la era digital de lA, la promesa de una traducción en tiempo récord resulta muy atractiva. No obstante, para garantizar la precisión y evitar errores, una traducción de calidad requiere tiempo.

En el futuro, será necesario regular mejor la IA desde el punto de vista ético y colectivo. Sin duda, transformará profundamente numerosos sectores, desde la medicina hasta la agricultura, pasando por la ciberseguridad o el entretenimiento. Sin embargo, esta revolución ya viene acompañada de sus primeros excesos en internet: contenidos falsos, usurpación de imágenes y «expertos» autoproclamados cuya legitimidad se basa en respuestas generadas en segundos, y no en una experiencia real. Tampoco debemos olvidar su impacto medioambiental, del que aún se habla poco: cada instrucción para la IA, cada prompt y cada centro de datos movilizan importantes recursos energéticos e hídrico.

En definitiva, ¿nos hace la IA realmente más inteligentes o más pasivos? ¿Puede superar de verdad al traductor?

Por último: ¿no fomentaría la IA una cierta pereza intelectual y una relación sesgada con la perfección? Cuando la respuesta es inmediata, la reflexión pasa a un segundo plano. Dejamos de buscar. Ya no aprendemos. En el aprendizaje, lo que nos hace aprender y retener lo aprendido es el camino para llegar a la respuesta. Cometer errores también forma parte del proceso. ¿No corremos el riesgo de olvidar que el aprendizaje se fundamenta precisamente en el esfuerzo, la práctica y la imperfección al recurrir constantemente a respuestas instantáneas y casi «perfectas»?

El papel del traductor humano en la era de la IA

Un traductor profesional es el resultado de años de formación en técnicas de traducción, de una especialización en ámbitos concretos y de una práctica diaria basada en la traducción de documentos reales. Desde una perspectiva profesional, la balanza se inclina claramente a favor del traductor humano cuando lo que está en juego va más allá de textos básicos

No obstante, la IA sigue siendo una herramienta extraordinaria, una ayuda inestimable y un verdadero acelerador de productividad. Pero, ¿es un fin en sí misma? No, su uso plantea muchas preguntas y exige, ante todo, un uso informado y controlado, es decir, un uso que implique saber manejarla con discernimiento. Plantearle la pregunta adecuada ya es una forma de reflexión profundamente humana. Y esto es especialmente cierto en el ámbito de la traducción: traducir es comprender. ¡Comprender sigue siendo y seguirá siendo una cuestión humana durante mucho tiempo aún!


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Stéphanie Soler

Fondatrice et gérante d'hispeo, diplômée en traduction commerciale de la Chambre de Commerce d'Espagne, a travaillé en Espagne et en France dans différents secteurs industriels. 15 ans d'expérience en traduction technique et transcription audio français-espagnol. Formée au community management, rédaction web et stratégie social media chez Esecad (Groupe Skill & You).